Uno de los últimos días de las prácticas, al volver de la clase de Religión, los alumnos de 1º de Primaria estaban revolucionados, no paraban de reír y hablar todos a la vez. No entendía lo que les pasaba, ya que no era una actitud normal en ellos, siempre tan tranquilos. Como pude intenté llamar su atención para que me contaran ordenadamente qué estaba sucediendo.
Se aproximaban las vacaciones de Navidad, y como todos los niños, a ellos lo que más les entusiasmaba era la llegada de Papá Noel y de los Reyes Magos cargados de regalos. La profesora de religión, entonces, tuvo una gran iniciativa. Había encontrado por Internet un programa llamado Navidades Sorprendentes.
Este programa era una herramienta para editar un vídeo que simulaba una conferencia con los Reyes Magos o Papá Noel (a elegir). El realismo del resultado final era sorprendente, ya que inicialmente debías introducir el nombre del niño/a al que iba dirigido, su edad, lo que tenía que mejorar, lo que mejor hacía, e incluso, si lo deseabas una foto.

Los niños estaban fascinados, y yo misma cuando llegué a mi casa y lo comprobé también. Pensaban que habían hablado con los Reyes Magos de verdad, y se tomaban muy en serio todo lo que les habían dicho.
Reflexionando sobre aquel episodio me di cuenta de la cantidad de posibilidades ilimitadas que tiene Internet y del efecto tan positivo que puede tener utilizado con fines educativos o totalmente desinteresados.


Aquellos niños tenían los ojos brillantes, estaban ilusionados, motivados, querían portarse bien, hacer todos los deberes y no desobedecer nunca más a sus padres. Una cosa tan simple como un programa informático los había hecho completamente felices. Muchos dicen que el contacto con los recursos audiovisuales es completamente frío y deshumanizado, he aquí mi respuesta y la demostración de que nada de eso es cierto.
Bibliografía:
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